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Desde hace año la sombra del fraude sobrevuela al sector agroalimentario, debido a casos muy sonados como el de la carne de caballo o el del atún tintado con remolacha, que poco a poco han ido haciendo mella en el consumidor y generando una desconfianza generalizada en el sector.  

Entendemos por fraude la sustitución intencionada, el etiquetado incorrecto, la adulteración o la falsificación de alimentos, materias primas o envases comercializados con el fin de obtener un beneficio económico. Y el hecho de que la cadena del sector agroalimentario a nivel global cuente cada vez con más eslabones, hace que la vulnerabilidad de las empresas frente al fraude sea cada vez mayor.

Es por ello, que normas de seguridad alimentaria, como IFS Food, incluyen entre sus requisitos que la empresa certificada desarrolle un plan de evaluación de la vulnerabilidad y mitigación frente al fraude alimentario.  Y establecen, además, que la responsabilidad del plan esté claramente definida en la empresa y las personas involucradas tengan la formación específica adecuada.

De acuerdo con lo establecido por IFS Food v7, en su requisito 4.20, el proceso para mitigar la vulnerabilidad al fraude debe incluir los siguientes pasos:

Paso 1. Análisis documentado de la vulnerabilidad frente al fraude.

Inicialmente se debe realizar la identificación de posibles actividades de fraude alimentario, utilizando fuentes de datos conocidas y fiables, para realizar un análisis de vulnerabilidad que sea completo. Éste análisis incluirá todas las materias primas, ingredientes envases y procesos subcontratados, para determinar el riesgo de actividad fraudulenta relacionada con la sustitución, mal etiquetado, adulteración o falsificación. 

Se deben definir factores de riesgo para el análisis de vulnerabilidad, y aunque existen variedad de metodologías de evaluación de riesgos, IFS publicó una Guía para la gestión del Fraude en la que establece como criterios para evaluar el nivel de riesgo los siguientes:

  • Histórico de incidentes de fraude de producto
  • Factores económicos
  • Facilidad de la actividad fraudulenta
  • Complejidad de la cadena de suministro
  • Medidas de control actuales
  • Confianza del proveedor

Una vez identificados los riesgos, para las evaluaciones de la vulnerabilidad, dicha guía establece dos criterios de máxima importancia:  

Probabilidad de ocurrencia (el grado de facilidad para llevar a cabo el fraude en relación con su rentabilidad para el que lo realiza en los alimentos),

Probabilidad de detección.

IFS propone además la definición de una puntuación estandarizada que facilita que todos los eslabones de la cadena alimentaria utilicen una misma valoración para cuantificar la vulnerabilidad de un producto. Las puntuaciones se definen en la siguiente matriz:

El color de las casillas de la matriz de riesgo de vulnerabilidad del producto es indicativo del riesgo del producto: alto (rojo), medio (amarillo) y bajo (verde). El riesgo de producto definido puede utilizarse para indicar la necesidad de aumentar las medidas de control para la mitigación del fraude de producto

Paso 2. Desarrollo e implantación de un Plan de Mitigación del fraude.

Una vez obtenido el resultado del análisis de vulnerabilidad se procede a elaborar un Plan de Mitigación eficaz, cuyo objetivo será controlar cualquier riesgo que se haya identificado durante la evaluación de la vulnerabilidad, definiendo las medidas y controles que se consideren necesarios para mitigar los riesgos y mantenerlos vigilados.  Para ello, se analizarán las medidas actuales que tenga implantadas la empresa y se determinará si se consideran suficientes o si se deben establecer algunas nuevas.  

Paso 3. Revisión del análisis de vulnerabilidad y Plan de mitigación.

Un plan de mitigación sólo seguirá siendo eficaz si se identifican los cambios en los factores de riesgo de la evaluación de la vulnerabilidad y se revisan dichos cambios. Por tanto, es fundamental realizar una revisión, al menos anual, del análisis de la vulnerabilidad para mantener la integridad de las medidas de control.

IFS, establece en su guía, que dicha revisión será como mínimo anualmente y siempre que haya algún cambio del tipo:

•    cambio en el suministro de materias primas, por ejemplo, un nuevo proveedor

•    cambio en la gestión o en la situación financiera del proveedor

•    cambio en el coste de la(s) materia(s) prima(s)

•    cambios que afectan al precio de productos

•    cambio en la cadena de suministro, por ejemplo, proveedores adicionales, tipo de proveedor,

•    cambio en la disponibilidad de materias primas, por ejemplo, escasez estacional, mala calidad,

•    evidencias de fraude detectadas

•    pruebas de un aumento de las reclamaciones de los clientes o consumidores relacionadas con, la mala calidad y la calidad irregular,

•    la aparición de nuevos sistemas de adulteración,

•    desarrollo de la información científica relacionada con los procesos, productos o identificación mediante análisis,

Si estás interesado en la certificación de alguna norma de seguridad alimentaria y necesitas asesoramiento no dudes en ponerte en contacto con nosotros.